HISTORIA DE ZAMORA

La vieja ciudad se asienta en una gran peña que domina el Duero y es esa inmejorable situación la que hace suponerla fundada en tiempos remotos. Parece ser en primer lugar que fue asentamiento vacceo, y más tarde aparece citada en el Itinerario de Antonino con el nombre de Ocellum Duri, como una de las «mansio» que jalonaban la calzada romana o Vía de la Plata, la cual cruzaría el Duero por Zamora, casi con seguridad en el mismo emplazamiento donde más tarde, en el siglo XII, se construyó un puente del que aún son visibles algunos restos.

Ciertamente de esa época no quedan muchos restos, tan sólo una lápida con inscripción que hoy se halla incrustada en la fachada principal del viejo consistorio y que fue hallada en 1.504. No obstante la leyenda, quizá más respaldada por la historia de lo que creemos, suple con creces esa escasez monumental de la época romana haciendo surgir con fuerza la figura del más popular héroe zamorano, Viriato, que luchó y venció a los dominadores en sucesivas batallas, quedando para siempre reflejadas sus victorias en la bandera de la ciudad.

Viriato por otra parte, o mejor, su imagen en bronce, obra del escultor zamorano Eduardo Barrón, ocupa una de las más bellas plazas de la ciudad y hasta le ha dado su nombre, incorporándose definitivamente a la memoria colectiva de la única ciudad que desde siempre le ha dedicado su recuerdo.

Con las invasiones germánicas, Zamora pasa a ser territorio visigodo y es entonces cuando aparece el nombre de Semure en dos monedas de Sisebuto (610_620) y en las Actas del Concilio de Lugo (año 569). Más tarde los musulmanes la llamarían Azemur, «olivar silvestre» y Samurah «ciudad de las turquesas», aunque existen muchas opiniones al respecto, hasta que finalmente aparece citada con el nombre actual en el Salmanticense «como una de las plazas recobradas por Alfonso I a los moros».

La Muy Noble y Muy Leal ciudad de Zamora, así intitulada a perpetuidad por Enrique IV, se levanta en la margen derecha del Duero, sobre las peñas de Santa Marta, las famosas «peñas tajadas», que sirvieron para identificar sus límites y para cimentar la primera de sus murallas, que se levantaron en el año 893. La ciudad fue tomada un siglo más tarde por Almanzor, aunque pasó a los reinos cristianos años después.

Zamora la bien cercada» la llamó Fernando I, quien la reconstruyó y repobló y se la legó a su hija Doña Urraca. La celebre frase: «No se ganó Zamora en una hora», que constituye aún hoy una referencia a la ciudad del dominio popular, surgió cuando a ésta quiso arrebatársela su hermano, Sancho II, sometiéndola a un largo y penoso cerco que los zamoranos resistieron valerosamente. El «Portillo de la Traición» todavía recuerda la muerte del monarca ante los muros que sitiaba, a manos de Bellido Dolfos, quien lo atravesó tras el crimen.

Al casco antiguo de Zamora, «Conjunto Histórico-Artístico», sus murallas y puertas: la de Zambranos o de Doña Urraca y la de Olivares; junto a la casa del Cid, el castillo; las iglesias románicas, los palacios renacentistas y sus calles estrechas y empedradas, presididas por la extraordinaria cúpula de la Catedral, le confieren un sobrecogedor ambiente medieval.

La Zamora de hoy conjuga el mantenimiento de su legado histórico, con edificaciones mas modernas que reflejan los distintos estilos y usos. Junto con las edificaciones residenciales y la adaptación de calles y plazas, Zamora reúne hoy factores que apuntan hacia la calidad de vida para los residentes y acogida cordial a los visitantes.